Los inviernos son largos en esta tierra hermosa donde vivo. La vista más común siendo la nieve, por supuesto. Desde la belleza pristina de la escarcha, como diamantes por todos lados, hasta la nieve revuelta con arena, para evitar accidentes automobilísticos... la cual se convierte en una especie de lodo especial cuando se derrite un poco. Desde los arboles cubiertos de escarcha en las mañanitas y los conejitos caminando por el parquecito del lago, mejor dicho, los conejotes, porque hay veces que parecen hasta venados de lo grandotes que están y, más que nada, esas nubes que parecen ilimitadas y siempre presentes. Edmonton siempre había sido un lugar con nubes en invierno, pero parece que las nubes han decidido tomar la ciudad en los veranos tambien.
Al grado de que cuando sale el sol, Myron y yo celebramos y vamos a caminar con Lobito al parque de los perritos cerca del rio. Este año, además de que no ha salido mucho el sol, tampoco ha llovido casi nada, los campesinos, siempre vigilantes del tiempo, preocupados por sus cosechas, pues sin la lluvia bendita, se secan sus milpas. Despues de esperar y esperar y esperar, por fin llegó la lluvia, bella, fresca y brindadora de vida... aunque un poco tarde para la cosecha pues se perdieron muchas siembras... pero el pasto, los arboles y las flores estan muy agradecidas. Ahora lo unico que falta es de que salga el sol por varios dias seguidos, para sentir de que por fin llegó el verano, el cual hemos estado esperando con ansia.
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